La educación es la práctica más antigua de la humanidad, porque lo que nos hace humanos es que no sabemos vivir. No sabemos ni sobrevivir ni convivir: tenemos que aprenderlo todo, desde que nacemos hasta que morimos. En este camino, la muerte no culmina el camino del aprender, sino que lo interrumpe.

Y, como humanidad, no hay ningún aprendizaje que podamos dar por hecho. No hay asignaturas ni materias superadas o convalidables de una vez por todas. Educar es aprender a vivir juntos y aprender juntos a vivir. Siempre y cada vez. Es estar, pues, en lo inacabado que somos: abiertos, expuestos, frágiles. Por eso, educar es una práctica de la hospitalidad que tiene como misión acoger la existencia desde la necesidad de tener que imaginarla. Recibirla y al mismo tiempo dejarla ser en lo que tiene de irreductible y de desproporcionada. Por eso mismo la educación es también la base de poder más insidioso, cotidiano y terrible que ha inventado la humanidad: educar es tener la existencia de los demás, aquello que son y que podrían ser, entre manos. Uno a uno. En singular y en plural. Desde el primer día de vida y, cada vez más, a lo largo de toda la vida. Educar es guiar el destino de la comunidad y de cada uno de sus miembros.

Marina Garcés

Algunos datos

En la actualidad, 250 millones de niños y jóvenes están sin escolarizar.  
617 millones de niños y adolescentes no pueden leer ni tienen los conocimientos básicos de matemáticas.
763 millones de personas adultos son analfabetas.
Menos del 40 por ciento de las niñas del África Subsahariana completan los estudios de secundaria de ciclo inferior.
4 millones de niños y jóvenes refugiados no pueden asistir a la escuela.

El trabajo de Spínola Solidaria

Educar sin márgenes es la campaña de educación de Spínola Solidaria. Esta campaña viene a poner el foco en la misión de nuestra entidad, favorecer el acceso a la educación de las personas más empobrecidas, por eso vamos a poner el derecho a la educación y todos los que se relacionan directamente con este en el centro de nuestra acción, intervención e incidencia.

La educación es un factor clave para el desarrollo de las personas y de las comunidades. Es catalizador de otros derechos humanos y vehículo fundamental para salir de la pobreza. La educación es transformadora y transversal: contribuye a reducir las desigualdades, empodera a las personas, fomenta la tolerancia y ayuda a construir sociedades más pacíficas. Además, en situaciones de extrema vulnerabilidad, representa una forma básica de protección y de apoyo psicosocial.

Nuestro mundo se está volviendo más volátil, incierto, complejo y ambiguo. La diversidad se nos está envolviendo de amenaza y experimentamos una creciente ola de racismo y xenofobia (Fratelli Tutti). La forma actual en que establecemos las relaciones y tratamos a las personas y a nuestro planeta vemos que no funciona y es necesario generar un cambio, adquirir una mirada integral que relacione la crisis social y la crisis ambiental y que nos interpele a tomar decisiones necesarias, urgentes y profundas (Laudato Si). Es hora de una profunda transformación en la forma en que actuamos, tanto personal como colectivamente. Se necesitan nuevos modos de pensamiento para ayudar a las personas y organizaciones a ir más allá de los viejos modelos de pensamiento, actuación y trabajo, y para encontrar algo nuevo, creativo, utilizando las capacidades más amplias, tanto internas como externas (Pacto Educativo Global).

Es necesario que todas las personas, y con urgencia aquellas que más han visto vulnerados sus derechos, tengan acceso a una educación transformadora y permanente que les haga ser sujetos activos y protagonistas, con vidas dignas de ser vividas y que se sientan llamadas a dar respuesta a las necesidades del mundo sin desviar su ruta del dolor de la gente.